Columna de opinión
“MEA CULPA…”
Por Rodolfo José Bernat
Los hechos que desde hace seis meses, tienen como dramático escenario el territorio de Libia, parecen llegar a su fin con el desconocimiento del paradero de Muammar Khaddafi, el mismo que en 1969 se presentara como “el libertador” y que hoy pasara a la historia como uno de los déspotas más sanguinarios, que el pueblo libio conoció.
El hartazgo del pueblo, personificado principalmente en la juventud Libia, fue lo que empujo a aquel pueblo a levantarse en armas contra Muammar Khaddafi, quien durante 42 años a gobernado Libia con mano de hierro y que hasta hace pocas semanas atrás, veía con cierta incredulidad, como se desmoronaba su imperio que en su mesianismo soñara, no tendría fin.
El 1º de septiembre de 1969, se ponía en marcha la “Operación Jerusalén”, que protagonizada por jóvenes oficiales del ejército libio, entre los cuales sobresalía Khaddafi, derrocaba al rey Idris, cabeza de la monarquía reinante en Libia y fue desde Bengazi, donde en nombre del movimiento revolucionario triunfante, Khaddafi se manifestó por radio al pueblo de Libia con este manifiesto: “En el nombre de Dios, el más piadoso y compasivo”; “¡Oh, gran pueblo Libio! Cumpliendo con vuestro deseo de libertad, en respuesta a vuestras más sentidas aspiraciones y a vuestra repetida exigencia reclamando cambios y purgas, urgiendo a la Revolución, vuestras Fuerzas Armadas han derrocado al régimen corrupto y reaccionario, cuyo hedor ha embotado, ha adormecido vuestros sentidos y cuyas manifestaciones han hecho estremecerse vuestros cuerpos.”… Así rezaba el comienzo del manifiesto revolucionario.
El 17 de julio de 1989, integre la delegación argentina que participo en Trípoli, Libia, del “II Congreso Extraordinario de Fearab América”. La invitación me llegó por intermedio del gobierno de Libia, en mi carácter de secretario de Relaciones Internacionales del Peronismo Revolucionario (PR). Habían transcurrido tan solo nueve días de la asunción de la primera magistratura, del presidente Carlos Saúl Menem, quien despertara grandes expectativas en el Pueblo, con la vuelta del peronismo al gobierno, especialmente en nuestra fuerza que después de seis años de democracia, seguíamos teniendo compañeros presos como el Doctor Ricardo Obregón Cano, o el Secretario General del PR, Mario Eduardo Firmenich. También, cientos de compañeros en el exilio de los cuales mucho de ellos, tenían pedidos de captura internacional como fueron los casos del Doctor Raúl Oscar Bidegaín, Roberto Cirilo Perdía y Fernando Vaca Narvaja, por nombrar algunos de la extensa lista y a quienes el Doctor Menem prometiera indultar si alcanzaba la presidencia.
En ese marco, junto con la delegación integrada por 20 personas representantes de la comunidad Árabe, de diferentes provincias argentinas, viajamos hacia Libia. En aquel entonces Libia, Khaddafi, su revolución y el Libro Verde, representaba para nosotros un país que de la mano de su “Líder” conjuntamente con su pueblo, había logrado transformar un régimen de opresión y miseria, en otro de felicidad, libertad e igualdad para todos. Creímos en Khaddafi como en su momento se creyó en Menem. Sin embargo la realidad nos mostró las dos caras de una misma falsa moneda.
Mi estadía en Trípoli, se prolongó hasta el 27 de julio de aquel año. También tuve oportunidad de viajar a Bengazi, desde donde nos trasladaron hasta el lugar, en pleno desierto, donde se construía el río subterráneo cuya longitud alcanzaría los cuatro mil kilómetros, una vez terminado. Su habilitación, no solo cambiaría la fisonomía del legendario desierto, sino también la situación económica de sus pueblos.
Confieso que volví convencido del éxito de la Jamahiriya, convencimiento que se fue diluyendo con el paso del tiempo al tener que admitir la falsificación por parte de Khaddafi y su gente, de la realidad tanto allá en Libia, como también la realizada aquí en manos de los diferentes gobiernos que nos llevaran a un estado tal de degradación, jamás imaginada por ningún argentino.
Esta desilusión fue también la que llevó al pueblo Libio encabezado por sus jóvenes, a terminar con el despótico, corrupto y represivo régimen de Khaddafi, pagando para ello,
una cuota de sangre Mártir inimaginable como precio de la reconquista de la libertad negada por tan largo tiempo. Se podría poner como epitafio al caído régimen khaddafista, las mismas palabras pronunciadas el 1º de septiembre de 1969 desde Bengazi, por el derrocado dictador y que fueran reproducidas en esta misma columna.
La suma de atrocidades y crímenes cometidos contra sus pueblos, no bastan para explicar como quienes en algún momento se proclamaron como revolucionarios, luego puedan transformarse en déspotas capaces de los peores actos, para mantenerse en el poder.
La sombra cada vez más agigantada del Mártir tunecico Mohamed Bouazizi, que el pasado diciembre se inmolara al estilo bonzo, junto con la que quemo su cuerpo, encendió la llama de la libertad por la que están luchando otros pueblos hoy. Es evidente que esa llama no se apagará tan pronto como desean muchos otros regimenes
corruptos, y esta destinada a transformarse en hoguera que alumbre la liberación de otros países del mundo.
Fcio. Varela, 1º de septiembre de 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario