Columna de opinión
FABULA
Por Rodolfo José Bernat
¿Quién puede hoy en cualquier rincón de la República negar o cuestionar el casi 54 por ciento obtenido por la presidente Cristina Fernández Vda. de Kirchner, para llevar adelante su segundo mandato presidencial consecutivo y tercero de esta etapa kirchnerista? Es inútil desgañitarse denunciando manejos corruptos dentro de las distintas esferas del Estado, crecimiento increíble en nuestro país de planes sociales que han creado una nueva estrategia de vivir sin trabajar bajo la protección económica del gobierno, a costilla del trabajo de otros –cada vez menos- que siguen creyendo aún hoy en la “cultura del trabajo”, dádivas, retrasos inadmisibles en la calidad de la educación primaria y secundaria, inseguridad cada día mayor, condiciones de vida aceptables en el siglo diez y nueve pero inaceptables en pleno siglo veintiuno, territorios extensos dominados por el narcotráfico, auténticos responsables por el exterminio masivo de vastos sectores de nuestra juventud. País en el que la disociación de la familia se ha llevado a tal punto, que ya no son pocos “los voceros”, que pregonan su inutilidad y levantan en cambio los argumentos de otro tipo de sociedad en donde el “todo vale” y el “piedra libre” quiere legalizar todo aquello que durante siglos fue amoral en aras de un modernismo descarnado sin sentimientos ni valores.
El 25 de octubre de 2009 debían realizarse las elecciones legislativas en nuestro país, pero era en aquel entonces tan grande el poder de Néstor Kirchner y su Frente para la Victoria, que en 2007 había logrado reafirmar la continuidad de su proyecto con un nuevo mandato presidencial, esta vez encabezado por su esposa, Cristina Fernández.
El Frente para la Victoria no tuvo inconvenientes para adelantar los comicios de aquel año, ni pasar por encima de los preceptos legales que establecían el 25 de octubre como fecha obligatoria. En una maniobra claramente política adelantaron por conveniencia propia los comicios para el 28 de junio de 2009, acortando las campañas políticas de la oposición en 60 días, pero dejando en cambio inalterable la pose de los electos para el 10 de diciembre de 2009.
En aquella elección se pusieron en juego las bancas para 127 diputados nacionales para el período 2009-2013 y 24 senadores nacionales para el período 2009-2015. El pueblo cansado de tanto maltrato y manoseo, centro todas sus esperanzas en la “oposición” y en el acto eleccionario vencieron al Frente para la Victoria que solo pudo obtener 8 senadores nacionales y 40 diputados nacionales ante la inocultable furia de Néstor Kirchner que se expreso de variadas formas. La oposición triunfante paso a tener 16 senadores nacionales y 74 diputados nacionales, con los cuales se aseguraban la mayoría en la Cámara Baja y la igualdad en la Cámara Alta en la que contaban además, con el aporte del vicepresidente de la Nación Julio Cobos que era a su vez, presidente del Senado. La oposición en una auténtica orgía de soberbia, ignoro el mandato popular
y se entrego a una desenfrenada competencia por el poder que lentamente los fue conduciendo a esta derrota de hoy. No es el kirchnerismo el que los ha vencido, es su propia ineptitud y la falta de respeto al mandato popular que no supieron o no han querido cumplir, y hoy los resultados expresan con claridad las consecuencias y la decadencia vergonzante de siglas políticas que durante décadas llenaron de gloria las páginas de nuestra historia política, y que hoy se ven transformados en meros “quioscos” donde se disputan intereses personales por encima de los intereses del pueblo. Esta situación me trae a la memoria, una vieja fábula de Esopo, que tétricamente parece reflejar el panorama actual de nuestros políticos:
“EL AGUILA Y LA ZORRA”
“Un águila y una zorra que eran muy amigas decidieron vivir juntas con la idea de que eso reforzaría su amistad.
Entonces el águila escogió un árbol muy elevado para poner allí sus huevos, mientras que la zorra soltó a sus hijos bajo unas zarzas sobre la tierra al pie del mismo árbol.
Un día que la zorra salió a buscar su comida, el águila, que estaba hambrienta cayo sobre las zarzas, se llevo a los zorruelos, y entonces ella y sus crías se regocijaron con un banquete.
Regreso la zorra y más le dolió el no poder vengarse, que saber de la muerte de sus pequeños; ¿Cómo podría ella, siendo un animal terrestre, sin poder volar, perseguir a uno que vuela? Tuvo que conformarse con el usual consuelo de los débiles e impotentes: maldecir desde lejos a su ahora enemiga.
Más no paso mucho tiempo para que el águila recibiera el pago de su traición contra la amistad. Se encontraban en el campo unos pastores sacrificando una cabra; cayó el águila sobre ella y se llevo una víscera que aún conservaba fuego, colocándola en su nido. Vino un fuerte viento y transmitió el fuego a las pajas, ardiendo también sus pequeños aguiluchos, que por pequeños aún no sabían volar, los cuales se vinieron al suelo. Corrió entonces la zorra, y tranquilamente devoro a todos los aguiluchos ante los ojos de su enemiga.
MORALEJA: Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, del cielo llegara el castigo”
Fcio. Varela, 27 de octubre de 2011.-
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