Columna de opinión
“EVITA HABLO …” Cuarta parte
Por Rodolfo José Bernat
El próximo lunes 17, se cumplirá el 66º aniversario del inédito hecho que protagonizaran miles de trabajadores que espontáneamente y autoconvocados, se volcaron masivamente sobre la Plaza de Mayo exigiendo del gobierno encabezado por el general Edelmiro J. Farrell, la libertad del coronel Juan Domingo Perón detenido en la prisión militar de la Isla Martín García, en el Río de la Plata, desde el 13 de octubre de aquel inolvidable 1945. Es en aquellos días que María Eva Duarte se transforma para siempre en “Evita”, comenzando con su empuje increíble, a concientizar a los diferentes sectores de la necesidad urgente de liberar al coronel Perón. De aquel 17 de octubre de 1945, dejo Raúl Scalabrini Ortiz, esta excelente pintura realizada con palabras: “Un pujante palpitar sacudía la entraña de la ciudad. Un hálito áspero crecía en densas vaharadas, mientras las multitudes iban llegando. Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones de acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas… Hermanados en el mismo grito y la misma fe, iban el peón de tambo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el peón. Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento básico de la nación que asomaba.”
Es Perón quien con sus ideas, se transforma en el brazo ejecutor de la patriada, pero es Evita quien se convierte en el alma de la misma. Que mejor entonces que en sus propias palabras, recordar aquella epopeya. Esto manifestaba la compañera Evita el 16 de octubre de 1948: “La unidad entre pueblo y gobierno –porque éste se sabe plenamente apoyado por aquel y aquél totalmente representado por sus elegidos- no solo es un hecho nuevo en la historia política de la Nación, sino que encarna la palanca especifica para todas las superaciones. Esa unidad cuya primera manifestación se dio el 17 de octubre, como unidad revolucionaria que es, tiene características esencialmente dinámicas. A cada año que pasa, a cada conmemoración, multiplica su contenido y amplia los cuadros de la labor conjunta entre pueblo y gobierno, lo cual es la suprema garantía del logro de nuestro porvenir.”
“El 17 de octubre es una fecha definitivamente incorporada a las que señalan nuestras gestas de más acentuado sabor popular y más efectivo contenido nacional. Ello es incuestionable, como lo es el que nada ni nadie logrará borrar esa fecha de la vida de nuestro pueblo. Tiene para nuestra independencia económica y nuestra evolución social el mismo significado que el 25 de mayo tuvo para nuestra independencia política. Aquel día de 1810 el pueblo, unido a sus próceres representativos, abrió el camino nuevo hacia la proclamación que seis años después se realizaría en Tucumán. Y de la misma manera, aquel día ferviente de 1945, unido el pueblo al hombre de su elección –del que no aceptaba separarse-, abrió las perspectivas para una nueva política económica, una nueva política social y una etapa superior –nueva también, por ser más fraternal y más justa- en la vida común de todos los argentinos.” Y agregaba el 24 de agosto de 1949: “
“Las palabras perdieron el fragor del estoicismo ante la admisión del egoísmo. Pero hoy, en la Argentina, se abre una nueva y trascendental claridad justiciera, estableciendo normas que sirven para orientar la acción de los individuos y de los poderes públicos, a fin de elevar la cultura social, dignificar el trabajo y humanizar el capital, como la forma ideal de establecer el equilibrio y el orden social.
El hombre cumple así el individualismo en función social por medio del derecho de trabajar, el derecho a una retribución justa, el derecho a la capacitación, el derecho a condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de su familia, al mejoramiento económico y a la defensa de los intereses profesionales, que constituyen atribuciones esenciales de todos los hombres y mujeres, sagrados derechos que figuran en la Constitución justicialista de Perón y proclamados por el líder de los trabajadores argentinos.
Todos estos principios, todas estas realizaciones, todos estos avances que se incorporaron al acervo moral y espiritual del pueblo argentino, nada hubiesen significado para el afianzamiento y la consolidación del bienestar social si la evolución y el sentido de la legislación dictada por los hombres de nuestro movimiento no hubiesen encontrado en la reforma de la Constitución Nacional su manifestación propicia. La Constitución adquirió así la consistencia de un corto mensaje a la posteridad, reflejo de una nueva era de justicialismo peroniano que vivimos, y como una rectificación de las deformaciones que los años, al pasar, imponen y fijan límites al necesario avance de la civilización.”
Y al hablar de los dirigentes esto decía Evita el 12 de abril de 1951: “El peronismo es un movimiento abierto a todo el mundo. Ustedes ven que cualquiera que llega a mí, sea un dirigente de esto o de otro, siempre le digo que él, para mí, no es más que un dirigente de Perón. Cuando me dicen que Fulano es un dirigente que responde a Mengano o a Zutano, pienso que no es un dirigente, sino un sinvergüenza, porque, bajo el lema Justicialista, el pueblo y la patria toda constituyen una gran familia, en la que todos somos iguales, felices y contentos, respondiendo solo a Perón.”
Y concluyo esta columna de hoy, con una perla del pensamiento de Evita. Decía la Compañera el 19 de abril de 1951: “Yo no ambiciono ni quiero tener ningún título dentro de nuestro movimiento, porque no pasarán a la historia los que tengan cargos, ya que Perón es único; pasarán a la historia los humildes que acompañaron a Perón, porque a la historia no pasarán más que Perón y el pueblo. ¡Por eso, no pudiendo ser Perón yo quiero ser pueblo!”
El lunes 17, cuando aquellos que se encuentran encuadrados en Frentes, Organizaciones o fracciones políticas que no representan al pensamiento ni a la obra peronista, deberían pensar al realizar el obligatorio homenaje a esa fecha histórica, que no es con flores ni con discursos vacíos de contenido que se puede recordar esa gesta, cuyos gastos, por otra parte, los termina pagando el pueblo. El “Día de la Lealtad”, se celebra solamente con eso, con Lealtad a la memoria y la obra peronista. De esta manera ¿Quién estará en condiciones de celebrarlo?
Fcio. Varela, 13 de octubre de 2011.-
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