sábado, 3 de diciembre de 2011

“HOMENAJE A UN AMIGO”
Por Rodolfo José Bernat

Te conocí en la primavera de 1980, allá por Porto Alegre, en el bazar que tenía en la calle Voluntarios da Patria por aquel entonces Jair Krischke, batallador incansable por los derechos humanos y ya en ese entonces, presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos (MJDH), de Porto Alegre, Brasil y desde aquel entonces me vi. privilegiado con tu amistad y tus relatos que parecían no tener fin, pero que nos permitían cuando nos encontrábamos, pasar largas horas juntos intercambiando sueños y experiencias.
Vos desde hacía varios años, eras un estrecho colaborador de Juan Raúl Ferreyra, quien junto con un grupo de exiliados uruguayos habían formado en el exterior la
“Convergencia Democrática” y a vos te toco en varios foros internacionales, realizar las gestiones para lograr una “Declaración de repudio” contra la dictadura uruguaya, trabajo que desde mi condición de exiliado yo también realizaba, con los compañeros y amigos de varios estados de Brasil.
Habías nacido un 7 de julio de 1930 en la ciudad de Montevideo, de tu gran amada Uruguay, y a partir de ese momento y para siempre te llamaste Julián Murguía. Fuiste periodista y narrador, pero tu profesión la que declamabas con orgullo era Ingeniero Agrónomo y no por casualidad sino por vocación, fue que elegiste la carrera y para demostrarlo te fuiste a especializar a Australia. Ya de vuelta en tu tierra, comenzaste
a poner en práctica y enseñar lo aprendido, pero los tiempos de nuestra América del Sur, se habían vuelto altamente conflictivos y las dictaduras militares preparadas en la Escuela de las Américas, iban tomando rápidamente el territorio de nuestros países y el Uruguay no podía ser una excepción, su presidente Juan María Bordaberry elegido democráticamente prefirió ceder ante las presiones militares, a cambio de mantener el cargo, esta vez como dictador y verdugo de su propio pueblo. La situación se hizo insostenible y como miles de compatriotas latino americanos, no te quedo otro camino que el del exilio, desde donde armaste una nueva trinchera para continuar la lucha. Fueron años muy duros, donde el desarraigo y la precariedad jurídica y social era una constante diaria. En el exilio solo existe el ayer y el hoy, no hay mañana. Pero un día, como lo establece aquel refrán que reza “No hay mal que dure cien años”, pudiste retornar a tu Uruguay natal y el 14 de noviembre de 1980, cuando el Partido Nacional organizo el acto por el NO en el Cine Cordón de Montevideo, en la 18 de Julio y Martín C. Martínez , tuviste el placer de ser el presentador de ese acto contra los deseos y planes de la dictadura militar. El 30 de noviembre se realizo el plebiscito y el NO triunfante, fue el comienzo del fin de la dictadura militar uruguaya.
Tiempo después y ya de regreso definitivo en tu patria, en tu carácter de columnista
comenzaste a publicar tus famosas contratapas en el diario LA DEMOCRACIA, de las cuales después elegiste alguna de ellas para en 1990, publicar tu libro “Más filosa que la espada”. El audiovisual “Viva Saravia”, que realizaras junto con Diego Abal, se constituyo en otro de los estandartes de la lucha contra la dictadura y también como buen poeta no podías dejar de incursionar en la canción popular y así les pusiste letras a músicas cantadas por Alfredo Zitarrosa, Tabaré Etcheverry y Carlos María Fossati entre otros. Escribir era vital para vos. Recuerdo cuando en cualquier bar, garabateabas sobre una servilleta y armabas un poema revolucionario, aún conservo dos o tres de aquellas servilletas. De tu autoría son: “Cuentos para Juan Manuel”, “Cuentos del país de los gauchos” (1991), “Retratos” (Poemas, 1992), la novela “El tesoro de la Cañada Seca” (1994), e incluso, traduciste obras de escritores brasileros al castellano. En 1990, el gobierno te nombro Director del Instituto Nacional del Libro, también te acompañe en aquella oportunidad y observe con que seriedad y entusiasmo te entregaste a la tarea y fue en esa nueva pelea que el 8 de julio de 1995, un día después de haber cumplido 65 años, se te termino de escapar la vida y te marchaste. Te debía estas líneas Julián, tal vez, tarde demasiado en escribirlas, tal vez me he negado a asumir tu desaparición física y en admitir que ya no volveremos a estar frente a frente en una mesa. Pero de una cosa estoy seguro, la gente como vos jamás termina de irse.


Fcio. Varela, 1 de diciembre de 2011.-

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