Columna de opinión
“HISTORIA, NO HISTORIETA”
Por Rodolfo José Bernat
Hay en la historia de nuestro país en el mes de noviembre, dos fechas para analizar, que hablan por si solas de los problemas que tenemos los argentinos al “disfrazar” permanentemente, acontecimientos históricos. No para que nos sirvan como referentes auténticos e indiscutidos, de situaciones vividas tan importantes, que han merecido pasar a la historia.
Claro, el narrarlas, analizarlas y entenderlas, solo nos servirían para atesorar experiencias que nos permitieran no volver a cometer los errores antes cometidos y ejemplificar con las acciones acertadas, que nos permitieron un desarrollo como Nación.
Pero cuando desde algún sector, por lo general identificado con la línea que gobierna en ese momento, se trata de distorsionar hechos históricos para hacerlos bandera de una política determinada, solo se logra crear la “anti-historia” que es nada más ni nada menos, que la negación de la realidad histórica, que se ve de tal forma, más como una “historieta” en cambio de lo que debe ser “la verdad histórica”.
Nótese que unos renglones más arriba hable de “…línea que gobierna…” y no de “ideología”, y esto se debe a que la realidad hoy nos demuestra, que las ideologías que los diferentes partidos políticos dicen representar, sino están muertas, se encuentran en terapia intensiva, con diagnostico de gravedad extrema. Las fechas a las que se hace referencia al comienzo son el 20 de noviembre de 18 y el 17 de noviembre de 1972. La primera referencia en forma inequívoca, al Combate de la Vuelta de Obligado y la segunda, al regreso no permitido del general Juan Domingo Perón tras un exilio de 17 años.
El Combate de la Vuelta de Obligado, que demostró sin lugar a dudas el coraje y la valentía de los federales nucleados en la Confederación Argentina que encabezaba Juan Manuel de Rosas y que en aquel entonces estaba inmersa en una guerra civil entre Unitarios y Federales, no puede ser presentado como un hecho aislado, porque eso significa distorsionar la verdad histórica y se lo debe encuadrar como un hecho más de la Guerra Grande (1839-1852) donde el oriental Fructuoso Rivera obtenida la independencia del Uruguay, declara la guerra a Rosas por no querer reconocer a la nueva República e insistir en apoyar a Manuel Oribe, su amigo.
El 23 de junio de 1845, Francia y Gran Bretaña hacen llegar un ultimátum a Rosas exigiéndole el reconocimiento de la independencia del Uruguay, ultimátum que Rosas rechaza volviendo a desconocer la independencia del Uruguay. Ante esto las dos potencias europeas declaran la guerra a la Confederación Argentina y a ellas se suma el Paraguay y Brasil.
Sobre la actitud de las potencia europeas de intentar remontar el río Paraná debemos rescatar una carta que el General José de San Martín desde su exilio, remitiera a su amigo Tomás Guido “Ya sabía la acción de Obligado; ¡Qué inequidad! De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres sea cual fuere la suerte que nos depare el destino, que en íntima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá en nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España.”
El 24 de noviembre de 1849. Rosas firmó la paz con Gran Bretaña y el 30 de agosto de 1850, hacía lo mismo con Francia. La Guerra Grande llegó a su fin el 3 de febrero de 1852 con la derrota de Rosas en la Batalla de Monte Caseros y su exilio a Gran Bretaña.
El 17 de noviembre de 1972, tras 17 años de exilio y persecuciones el General Juan Domingo Perón vuelve a la Argentina contestando con su actitud la bravuconada del entonces Presidente de facto, general Agustín Lanusse, quien manifestara ante el comentado regreso de Perón al país “Que no venía porque no le daba el cuero”. La materialización del “avión negro”, que desde hacía tanto tiempo esperaban ver llegar los argentinos, se poso en Ezeiza, a las 11,15, el viejo caudillo hace realidad el sueño de millones de argentinos, que impusieron el “PERON VUELVE”, era el hecho tan anhelado por una sociedad ya cansados de gobiernos débiles y golpes militares vacíos de contenidos. Volvía porque era Perón, sin pedir permiso y con su actitud desafiaba sin más armas que su presencia la proscripción a la que desde 1955 lo condenaran los gobiernos de Lonardi, Aramburu, Frondizi, Guido, Illia, Onganía y Levingston, habían impedido por todos los medios el regreso del Líder popular más querido y también más odiado o temido de nuestra historia, y que con sus sola presencia derribaba alambradas y volvía inútiles las tanquetas preparadas para la represión hacia el pueblo. Cuando abandono Ezeiza hacia Vicente López, rumbo a la casa de Gaspar Campos, que a partir de su llegada paso a incorporarse a la historia nacional, el pueblo sabía que estaba viviendo en fin de un doloroso proceso y el nacimiento de uno nuevo. El abrazo con el jefe radical Ricardo Balbín con el que se puso fin al antiguo pleito entre ambos, fue el más auténtico certificado del nuevo tiempo.
Cuando el 14 de diciembre de 1972, el general Perón en Ezeiza embarcaba en el avión que nuevamente lo trasladaría a Madrid, tenía la certeza y seguridad de que la Argentina
después de su vuelta ya nunca volvería a ser la misma mientras el viviese, porque su vuelta era de alguna manera, la consolidación de la integridad nacional.
Fcio. Varela, 24 de noviembre de 2011.-
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