lunes, 11 de marzo de 2013

TAN SOLO MUJER


Columna de opinión TAN SOLO MUJER Por Rodolfo José Bernat Escribir una nota esta semana tomando como ejemplo los hechos sucedidos, podría haber llegado a generar dos efectos: a) enfrentarse casi con todo el mundo, o b) falsear los hechos. Pero como esta semana fue determinante en muchos aspectos, creí que era preferible optar por el punto a) pero no para desarrollarlo en esta nota y si en cambio hacerlo cuando la fuerza del impacto haya disminuido, el corazón se haya enfriado sin tener que detenerse y las pasiones momentáneas dejen paso al razonamiento. En cambio por arte y magia del mercado consumidor, que desde hace días nos bombardea con el slogan “8 de marzo, Día de la Mujer” y además, por una reflexión hecha en Facebook por mi amigo Claudio Pelletieri se me presento el tema casi como una visión. Claudio decía en su comentario algo así como “¿Por qué tener que dedicarle un día del año, si esta presente los 365 días?”… y eso me impacto. De allí surgió la idea de hacer esta nota, tal vez no como homenaje y si, para revelar la auténtica estatura de la mujer. Ya convencido de que este debía ser el tema de mi columna, me puse a buscar en mi mente quién de ellas debería ser la protagonista de estas líneas y la respuesta de mi propio cerebro, me dejó confuso y temeroso. Eva, fue la respuesta, y ese nombre fue la síntesis perfecta de todos los tiempos transcurridos y a transcurrir. Para entenderlo adentrémonos en el Paraíso Terrenal, ese lugar donde las Santas Escrituras establecen ser el lugar donde morava Adán, quién nació hombre sin jamás haber sido niño. Quién fue modelado en barro y a quién el soplo divino de Dios, no solo le dio vida, sino también un cuerpo con músculos, órganos, venas con sangre que las recorría, un cerebro y un alma. Podríamos definir sin equivocarnos demasiado, que Adán, nuestro Padre, en realidad no era un ser humano, a pesar de ser el primero y que en cambio, la Humanidad nace y se desarrolla con Eva, que al ser creada con carne y sangre, se convierte en el primer escalón de esto que hoy denominamos “Humanidad”. Pero no solo eso, sino que desde su creación y para siempre se hace dueña de la virginidad, pues cuando ella la pierde, es para procrear en su propio cuerpo seres vírgenes. Quizás allí ya habría elementos para poder cuantificar, la importancia y magnitud de la mujer. Pero así como Eva fue la primera madre carnal, Adán y sus descendientes varones, vieron en ella la contratara de su aparente poder, el ser superior que de querer proponérselo, podía aspirar a la conducción de todo, porque era todo o casi todo, a tal punto que según el relato bíblico fue la responsable de que Dios, los expulsara del Paraíso pero sin apartarse de ellos. Los condeno a ser humanos. De Eva, pasamos a otra mujer que se convertiría desde el Cristianismo en la Madre de todos. María, Aquella que engendró a Jesús siendo virgen y que como ser plenamente humano, sin poseer ninguna divinidad fue “La Elegida” para a partir de ser poseída por el Espíritu Santo, se convirtiera en la Madre del Hijo de Dios. Solo que ella no era una deidad, era tan solo una mujer. Una mujer que además de ser la madre de Jesús, se transformaría con ese hecho en el eslabón de la nueva unidad de los humanos con Dios. Llenaríamos páginas y páginas escribiendo sobre mujeres ilustres y corajosas que llevaron adelante en todo el mundo acciones tan importantes, que no pudieron dejar de ser reconocidas incluso, por las sociedades más “conservadoras” o “marxistas”. Por eso concuerdo con la definición de mi amigo Claudio que me lleva a la siguiente reflexión:¿Habrá habido desde el principio de los tiempos un solo día que una mujer dejo de parir? La respuesta es obvia ¡NO! Y es desde allí que volvemos al principio. Es la mujer quien realiza el milagro y el milagro se celebra todos los días y a toda hora. Fcio. Varela, 8 de marzo de 2013.-

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